DENUNCIAMOS, DIABETES I, INICIO

#Ladiabetesnoespera: Venezuela lanza una señal de auxilio a través de las RRSS

REPORTAJE

Llega un coche a toda prisa a la puerta de un hospital cualquiera de una ciudad cualquiera. Se detiene y el conductor baja velozmente del vehículo. Pide auxilio y abre las puertas traseras para arrastrar a la camilla que ha traído rápidamente personal del hospital a un hombre de unos 50 años. Es diabético y sus niveles de glucosa en sangre se sitúan por debajo de los 50 mg/dl. Está inconsciente y en el centro médico no hay ni glucagón, ni medicamentos que puedan recuperar los niveles de glucosa óptimos. Los médicos no pueden hacer nada y mandan al familiar que lo ha traído a por un refresco azucarado de la máquina de la sala de espera. Los doctores administran el refresco mediante una sonda que llega desde la nariz hasta el estómago. El paciente se recupera. Parece ficción, pero es una secuencia real descrita por un médico del sistema de salud venezolano en un hospital de Caracas en pleno 2017.

Los diabéticos tipo I de Venezuela no tienen insulina, ni tiras reactivas, ni medidores de glucosa, ni glucagón, ni catéteres para las bombas de insulina. Las redes sociales se han convertido en el escenario de denuncia. Bajo los hashtags #ladiabetesnoespera, #sininsumosnosmorimos y #VenezuelasinInsulina, miles de venezolanos, miembros de asociaciones, padres y madres de niños con diabetes y pacientes están enviando una llamada de socorro hacia el resto del mundo. A través de este medio, los pacientes preguntan si alguien sabe de alguna farmacia en la que encontrar la insulina específica que necesitan.

Cada día recorren hasta 10 farmacias preguntado por los medicamentos específicos para su tratamiento, pero las estanterías de los establecimientos están vacías y encontrar una que haya recibido insulina y que además, sea del tipo específico para el tratamiento de cada paciente, es misión imposible.

Jonathan Barra, portavoz de la Asociación Amigos con Diabetes de Venezuela, desde donde recolectan medicamentos y herramientas sanitarias necesarias para las personas con diabetes, afirma que cuando una farmacia tiene insulina, enseguida se corre la voz mediante Twitter. También cuenta que una persona puede ir pidiendo insulina para su hijo y el farmacéutico asegurarle que no tiene, mientras que a los cinco minutos aparece otra persona que le ofrece más dinero y entonces, milagrosamente, sí que tiene.

La diabetes ha pasado de ser la sexta causa de muerte en Venezuela en 2009 para convertirse en la tercera, solo por detrás del cáncer y de las enfermedades cardiovasculares en 2013, último año en el que el Ministerio del Poder Popular para la Salud del Gobierno de Venezuela llevó a cabo el anuario de mortalidad de Venezuela.  Este año coincide con la entrada en el poder del presidente Nicolás Maduro, predecesor de Hugo Chávez, también del Partido Socialista Unido de Venezuela.

Si bien el número de muertes por diabetes en 2009 era de 8.822, en 2013 la cifra se eleva a 11.459, lo que supone un incremento de 2.637 muertes. Las consecuencias de no consumir el tratamiento adecuado para la diabetes son mortales.

Los venezolanos tienen la posibilidad de comprar los insumos mediante la plataforma Amazon a países del extranjero, “aunque el precio es muy elevado y muchas veces la insulina viene mala porque no se hacen bien las cadenas del frío”, manifiesta Barra.

 “Hay otra manera de conseguir insulina en Venezuela y es en el mercado negro”, explica Barra, “aunque los precios son completamente exorbitantes”. Una caja de cinco bolígrafos de su insulina, que es la Novo Rapid, cuesta 12.000 bolívares en condiciones normales, mientras que en “el mercado negro un solo bolígrafo te lo venden a 50.000 bolívares”.

Según la Agencia EFE, el salario mínimo interprofesional en Venezuela es, a día de hoy, de 65.021 bolívares, que son unos 90 dólares, a lo que hay que añadirle los 135.000 bolívares del bono de alimentación, lo que convierte al ingreso mínimo legal de Venezuela en 200.000 bolívares, unos 278 dólares.  Teniendo en cuenta estos datos, un diabético que cobre el sueldo mínimo interprofesional podrá comprar, al margen del sistema de salud, solo cuatro bolígrafos de insulina con su sueldo de todo un mes y no le quedaría ni para pagar los gastos básicos como la vivienda, la compra de comida y vestirse.

Tampoco hay tiras reactivas para medir la glucosa, y mucho menos medidores. Amigos con Diabetes cuenta con un censo de 180 pacientes con diabetes tipo 1, de los cuales a 32 “se les ha desconectado la bomba de insulina por falta de insumos, lo que implica volver al esquema de inyecciones”, indica.

Otros que “han corrido más suerte” y han podido mantener la bomba, portan el catéter, que debería cambiarse cada tres días, “hasta que el cuerpo aguante”, generándose un daño en la piel “muy importante”, con unas “pelotas duras que molestan mucho”.

“Afortunadamente hay personas desde muchos países como Chile, Argentina Perú, EEUU y España, entre otros, que nos están ayudando, aunque el gobierno quiere cerrar cada vez más los canales de ayuda humanitaria”, explica Barra.

Lean Ayuda Humanitaria es una de las asociaciones de España que más ayuda humanitaria destina a Venezuela. Según su declaración de intenciones, el fin de la organización es “defender las libertades individuales y los derechos humanos en Venezuela”. Su presidenta, Patricia Carrera, abogada y experta en derechos humanos, emprendió a pie el pasado 31 de mayo un peregrinaje desde la ciudad española de León hasta Madrid, más concretamente a  la Oficina del Parlamento Europeo en España  para llevar el 16 de junio las 9.900 firmas recogidas que tenía en el momento de la salida, más las que ha conseguido en el camino, que son 3.326, con el objetivo de pedir a la comunidad internacional más actuaciones de las que se están llevando a cabo actualmente.

“He dedicado cada día a un derecho violado en mi país y en cada pueblo he informado a los vecinos y a las autoridades municipales sobre la situación en Venezuela”, explica Carrera, quien ya ha hecho entrega de las 13.226 firmas el día 16 de este mes de junio, en el que Patricia ha defendido el derecho a la salud, la asistencia médica y los servicios sociales recogidos en el art. 25. de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

La vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo, Beatriz Becerra, se está encargando personalmente de gestionar el envío al Parlamento, según afirma Carrera.

La presidenta de Lean ha señalado que “a nivel internacional, para activar los protocolos de ayuda humanitaria es necesario que el gobierno declare que la hay”. No obstante, “reconocer la crisis humanitaria es reconocer que las cosas van mal”, ha asegurado.

Por este motivo, Lean Ayuda Humanitaria, repartida por toda España con delegaciones en Andalucía, Aragón, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Islas Baleares, Islas Canarias, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana y Región de Murcia, envía productos médicos a organizaciones no gubernamentales de Venezuela, que se encargan de repartir esos productos a través de censos propios de pacientes. Según información facilitada en la página web de la organización, Lean Ayuda Humanitaria ha conseguido beneficiar a un total de 17.000 pacientes en Venezuela.

Por ejemplo, en el caso de la diabetes existe la asociación “Diabetes Insípida” a la que mandan tiras reactivas, medidores de glucosa, “así como los insumos necesarios para las personas con diabetes en procesos de total transparencia”, ha afirmado Carrera.

 “Tenemos que ir bailando al son que nos toque la aduana, no nos queda otra”,  explica Carreras, quien añade que no le importa qué tengan que hacer para que lleguen estos medicamentos a Venezuela.

“Yo soy ferviente creyente de las libertades individuales y de la libertad de pensamiento”, manifiesta Carrera con firmeza. Mientras, otros tantos hombres y mujeres de Venezuela continuarán alzando la voz por los derechos básicos del país latino a lo largo y ancho del mundo, los pacientes y las asociaciones continuarán denunciando la falta de insumos y haciendo de las redes sociales su campo de batalla. La medicina, la enfermería y el resto de profesiones del ámbito de la salud ya no serán solo trabajos heroicos, sino también de máximo riesgo. Y a los venezolanos solo les quedará esperar a la eficacia de la justicia internacional. Eso, o encomendarse a la Virgen de Coromoto.

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